lunes, 28 de agosto de 2017

una sala

Terminando la noche, el canto de las sirenas. En una estación de cuervos. Entre cortarme la yugular con un abrecartas o seguir esperando… el ventilador podría caer. La ansiedad sabe a contusión. la secretaria se aproxima con tacones largos, un abrigo grande e franela, es como una bola. Tira un reporte en mi meza. Lo miro por encima, veo a la secretaria alejarse. Toca la hora de salida. Me retiro en un sedán marrón horrible y oxidado. Quizá yo sea el último investigador privado que toma Jim Bean. Prendo un cigarro, deseo por un balcón en mi ventana. Una silla, una mesa, una cocina, una sala, un cuarto, una ducha.

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