martes, 26 de septiembre de 2017

lo que me olvide contarte, sobre todo, lo eterno

Encerrados, guardados en la nevera, en molde de hielo, congelados cubitos de nosotros. Con el sol gotas y después aire. Extraño prometerte todo en medio del fuego cruzado.

¿Te acuerdas cuando éramos infantes en el palacio del zar? Cuando miles de hombre se pararon en nuestro patio. Recuerdo tomarte la mano cuando se escuchó el primer disparo y la turba enardeció. Cuando un domingo familiar con los tíos es una carnicería. Recuerdo la vida en la que se sintió tan injusto tener lo que teníamos. Ya de grandes yo te hablaba de la revolución. De las ideas ilustradas y el materialismo histórico. Hablábamos de como la primera bomba a los pies del caballo daría forma a todo que podíamos creer que era correcto.

Una vida, una más. Éramos atenienses libres que disfrutaban con los locos de la plaza. Agorabamos el ahora. Intentando adorar. Una mañana de camino al panteón después del banquete pregunte por lo que hay. Por lo que es, y se tiene, aquello que existe nuestro y no perderemos. Tú me decías que Dionisio resguardaba tus noches. Yo te habla de Hermes y los balances. En Delfos hablamos de amar, escuchamos al oráculo y sus humos.  

Recuerdo nuestra amistad con Cosimo Medici. El maltrato que dábamos a los valores religiosos. Extraño verte todos los días en mi taller. Cuando me pedías retratos para el palacio y te los daba por un par de florines. Encontrarnos a escondidas en el campanario y ver respuestas en nuestras fantasías. Te di todas las palabras que conocía tú me respondías con creses, siempre tú, tan delicada.

Maldito rey de Dinamarca y las complicadas situaciones políticas. Odiábamos a los espías y afrontábamos las malas decisiones. Enfrentamientos con tu hermano de nombre impronunciable. Los buenos delirios, en ocasiones mi inseguridad y el fantasma de mi padre en los corredores del castillo. Cuando yo jugaba al pirata tu caías al rio después de entregar las ultimas flores. Tomar las cosas en serio regresar y ver que todo termino, juntos 6 metros bajo tierra.

Refugiarnos de los tanques y la invasión. Ver las banderas alemanas en nuestro suelo parisino. Saber que los días de cine, aunque cortos, faltaba un largo viaje a noruega. Entre trincheras te convencía de avanzar hablando del teatro dada, de Mollier, que mejor suiza, sabes que siempre cambio de opinión a medio camino. Tengo sueños en los cuales los cazadores nos encontraron en la frontera. Las noticias de los campos. No entiendo como logramos esquivar algunos infortunios y otros aún quedan.

Paseábamos por el jirón de la unión, hablábamos en el balcón del Palaís Concert. Cuando antaño no existía, escuchábamos los valses en las interminables jaranas, casonas coloniales y pura bebida. No más mártires, una vida complicada como cualquiera y de mucho ocio, como solo nosotros podíamos procrastinar. Me acompañabas en todos los duelos, no te importaba que el alchol saque mi lado oscuro. Tampoco te incomodaba sacara las balas de mi hombro algunas madrugadas.

Una vida estructurada, las formas, las costumbres, modales, esos tratos, tratando de no sentir. Xiao xin como único proverbio. Los emperadores que nadie recuerda. Los desconocidos ingleses. Tu lejana presencia. Yo criado para no sentir, atrapado en lo cotidiano, llegas del mar, del fondo del horizonte. Te presentas en la embajada, yo deliberando papeles, perdiendo la tinta.

Como en la novela de Herman Hesse, un aceta encuentra en los jardines a kamala, un perdido hijo de brahmán, separado de su mundo, ahora descubre un lado del mundo siempre desconocido, tan oculto para él.  


Eres el onceavo capítulo de la naranja mecánica, aquello que no sale en las películas. Un millón de nuestras vidas, un solo segundo.

lunes, 25 de septiembre de 2017

al parecer en algún momento pensé en esto

Ella corriendo me dijo: -no conoces los placeres del parque-
Son 100m2. En la mañana de niebla es una pista de carreras, en la noche un bosque encantado, las tardes es plaza de ajedrecistas, siempre los niños jugando, sin horario. Tienda de líquidos al medio, entre los círculos que llaman rotondas. Entiendo los paseos, me acuerdo. Caminar dando vueltas, sin contarlas, contando cosas ordinarias, las que no contamos, en las pupilas, tengo un “not over her” tatuado en la frente y ella un “not over him” en la nuca. Obvio que su él y mi ella son distintos a nosotros. Las conversaciones en bancas sin superar a terceros. Los libros gastados en la mochila y los apuntes a media caña. Como la cerveza. Realmente era un ron, pero bueno, lo socialmente aceptable en los recuerdos. Lo que muestra bien, claro, todo. Ella desmembraba flores. Sonaba alguna canción indi con monosílabos. Yeah yeah y los riffsitos… me gusta cuando doble9 pone alt-j, recuerdo los triángulos amorosos. Formas para pedirle algo, formas lindas.
-no sé si recordaras, pero mi concierto es el sábado. Te compre dos entradas. No sé si querrás. Me haría muy feliz que pudieras estar ahí. Se que no soy el mejor comunicándome. Tu presencia significaría mucho para mí. Será acústico, sin mucho bullicio de más.

Aparecemos un millón de veces erráticos, atemporales. Los recuerdos puros y viajes que dudamos recorrer.