Ella corriendo me
dijo: -no conoces los placeres del parque-
Son 100m2. En la
mañana de niebla es una pista de carreras, en la noche un bosque encantado, las
tardes es plaza de ajedrecistas, siempre los niños jugando, sin horario. Tienda
de líquidos al medio, entre los círculos que llaman rotondas. Entiendo los
paseos, me acuerdo. Caminar dando vueltas, sin contarlas, contando cosas
ordinarias, las que no contamos, en las pupilas, tengo un “not over her”
tatuado en la frente y ella un “not over him” en la nuca. Obvio que su él y mi
ella son distintos a nosotros. Las conversaciones en bancas sin superar a
terceros. Los libros gastados en la mochila y los apuntes a media caña. Como la
cerveza. Realmente era un ron, pero bueno, lo socialmente aceptable en los
recuerdos. Lo que muestra bien, claro, todo. Ella desmembraba flores. Sonaba
alguna canción indi con monosílabos. Yeah yeah y los riffsitos… me gusta cuando
doble9 pone alt-j, recuerdo los triángulos amorosos. Formas para pedirle algo,
formas lindas.
-no sé si recordaras,
pero mi concierto es el sábado. Te compre dos entradas. No sé si querrás. Me
haría muy feliz que pudieras estar ahí. Se que no soy el mejor comunicándome.
Tu presencia significaría mucho para mí. Será acústico, sin mucho bullicio de
más.
Aparecemos un millón de
veces erráticos, atemporales. Los recuerdos puros y viajes que dudamos
recorrer.
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