miércoles, 18 de octubre de 2017

refugios en marea alta

Desconozco los naufragios, cuando el mar golpea fuerte, cuando lloras entre las peñas. Miradas frías, claro, la palabra no puede ayudar. Las cosillas que escapan de nuestra mente y llegan. Errores para retractar sin dar pasos atrás.

 La luz matutina, la transgredida inocencia, lo doloroso de existir. Tu que sientes los golpes fuertes de cada ola y sigues en pie, dudando que el martirio terminara.

Como que, buscando, como que un lugar, como que todo, ya que nada. Los permisos que se otorgan y las conversaciones llenas de algo desconocido, yo sé que tú la quieres sanar. El mar de tu infancia, aquel sufre tanto y golpea contra ti, todos confundidos.

 Es la pataleta que da cuando solo sabes chapotear y el piso se aleja junto a la orilla.

Con manos en los ojos, con la voz cortada, con recuerdos y pensamientos… aquellos que siempre se acercan agresivos. El peso que cargar, como lastre va sumando.


No quiero regalarte un cielo, solo un espacio. Tu, que eres… que vives entre sombras y aún brillas como nadie. Quiero darte un pequeño espacio para respirar cuando la neblina es espesa. Un lugar donde estar cuando las olas rompan tu casa. 

Un tiempo donde todo se congele y las mareas tan liquidas tomen forma de piso sólido, aquel en el que te puedes apoyar.

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