No importa, pero es lo único. Tan minúsculo que me pierdo en la nada, es un todo, es mi todo. Recuerdo las ciudades, el gris y las tonalidades de color. Ahora todo es blanco, desde que tengo recuerdos claros. Todo es infinito, no llego a tocar los muros. Le pregunte si existo, no me respondió. No me acuerdo de lo que es comunicación. Siento el hambre, desde que siento el pasado. Proseguir con la situación, el no cambio, estabilidad es falso. A veces veo manchas en el fondo blanco, son espejismos. El sueño es normal, no existe dormir. Llevo horas o años, el tiempo perdió significado.
Manzana mía, única compañera, estás aquí una vida. Más que yo. Inmóvil. Te muevo y terminas igual, sin sombras, sin oxido, luz, blanco el fondo, siempre es así, no veo el final, el infinito traga mi cerebro. Busco como un idiota entablar algo reciproco con un objeto, necio, no existe forma posible de que logre algo. Quiero consumir la manzana, pero si lo hago, seguiré existiendo, en presencia de la nada. Un ser se pierde. Dos seres, dan la idea de una existencia. La mía confirma la de la manzana, la manzana ayuda a que mi cabeza tenga un lugar donde aferrarse, que mi mirada tenga un punto fijo de concentración.
Grito en exceso, nadie escucha. Toco mi cuerpo, toco la manzana, algo existe. Nada. Glorioso infinito, dime si existo. Quiero ver, quiero sentir un cambio, quiero comer la manzana. No puedo. Siento que la manzana se burla de mí, siento que lleva burlándose una eternidad. Creo que no puedo crear, no puedo hacer, pensar, actuar. Estoy tocando la manzana como un loco, le saco brillo, muevo su tronco. Rompo. Siento el cambio, sonrió, creo que lo hago. Río sin recuerdos, patético. Tengo piedad de mí mismo, me tengo autocompasión, me miro como un idiota, miro con pena.
Golpeo la manzana, se rompe. El jugo se pierde en el infinito piso, nada de gravedad. El cambio es brutal, de uno. Ahora son cientos, están aquí.
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