miércoles, 25 de enero de 2017

dioses del siglo 21

Los dioses del siglo 21, son los no nacidos. Unbegotten gods. Antes del logos, algo incompresible se manifestaba en algo. Es ilógico un génesis. Llegamos a medio camino, sin propósito. Hijos de un pasado subjetivo. Es natural, el dios que ríe juega con nosotros. Se burla del hombre que sigue caminos de arena bajo el mar. Perturbado enseño las paredes para el encierro. Tan dentro nuestra la perturbación. Una vida para matarnos, para dudar, para creer, seguir los juegos y nunca querer jugar. La gran carcajada está en las formas. Ellos te presentan la realidad para que juegues. No el escepticismo, no la anarquía. Los ojos de un niño que conoce la muerte de terceros, nunca cercanos. Se divierte entre botellas hasta conocerlas, con los años se divierte con ellas. No es alcoholismo, son sociales de libación.  Los dioses te invitan a experimentar las pulsiones, no cumplirlas, no reprimirlas. Burlarte de la incapacidad que deja la moral, moral que perturbados seguimos.

La noche cae, yo con corona y limón. Ojos de fuego nacidos de la decepción. La barra es de madera húmeda.  El final de meses de búsqueda, a solo unos minutos. Dinero, tiempo y ansiedad invertidos en un encuentro.  Di todo por encontrar una señal. La distancia es tan mínima. Solo una escena más para completar mi vida. El hombre que la secuestro atiende a este bar. Entre por la puerta y se sienta. Pide una cuba libre. Escribe poemas en una servilleta. Al acabar su alchol se retira guardando el papel. Abrocho mi abrigo y lo sigo con cierta distancia, temporal y geográfica. El acero espera la verdad. Tan desesperado en mi bolsillo. El hombre abre la puerta de su casa. Aprovecho el instante en el que se voltea a cerrar para encañonarlo.
Ojos abiertos y la saliva que baja por la garganta. Avanzo lentamente, el cañón contra la frente y retroceso con cautela. Cierro la puerta de la vivienda. Golpeo su plexo con mi suela. Su espalda revienta contra la mesa de cristal. Un día ella desapareció. Todas las pistas me llevaron a este hombre. La lógica habla clara. Él la ha secuestrado, solo queda matarlo y rescatarla. Ato manos y pies, silla de la cocina. La mía volteada, luz de interrogación. -dónde está? - pregunto mientras rompo contacto visual. El idiota solo responde tontería. Me pregunta, quién soy, que hablo. Este sujeto está realmente confundido.
Llaves suenan en la puerta. Los pasos tiernos de pasadizo. Los recuerdos tan extrañados. El bolso cae “over shattered crystal”. Ella está paralizada en la puerta. Puedo escuchar su cuerpo inmóvil. Estoy dudando mucho de la veracidad de la escena. Ella no estaba secuestrada? La confusión me fuerza a la ejecución. Rojo contra la cocina. Rojo en la frente. Un cuerpo masculino que cae con silla. Tres disparos que caen al techo, solo porque sí. Si ella pudiera ver mis ojos tan llenos de furia. Solo escucho las lágrimas cae por su mejilla. Con los labios sin voz, cae de rodillas. Suspiro mientras acomodo mi alma. Ella esta devastada mirando el piso. las gotas no dejan de caer. La incomprensión. Las buenas intenciones, mal dirigidas. Quizá yo no comprendo. Quizá ellos no comprendieron. Quizá la realidad no actuó como debería. Es posible malinterpretar todo. Es tan fuerte mi ceguera o acaso todos están ciegos. Solo existe una forma de comprobarlo. Me acuclillo para hablar al nivel. -entiendes? - le pregunto con la mueca más extraña de mi vida. – quien chucha eres? - ella grita con fuerza, ahora ya no deja de gritar. Creo que existe una forma de confirmar la situación. Salgo a la puerta y miro bien la dirección. Ahora recuerdo que no existía una dirección en las pistas. ¿Cómo llegue aquí?
Entro a la casa, una mujer está llorando, ella está llorando. Me siento en los vidrios. Intento consolarla y ella solo llora. Un hombre muerto y el arma predilecta tan cerca de ella. Ella mato a su esposo. Lo mato por celos. Las pistas mostraban celos. Él tenía celos descontrolados, tan grandes que parecen delirios. Ella una inseguridad tan inmensa que mata. La agarro del cuello y la aviento contra el muro. Con gritos intento conseguir la verdad. Yo sé, ella lo mato. Tiene que decirme la verdad. Pero los golpes y las patadas no llevan a una confesión.
Es ridículo pensar que mi llegada a este hogar es casualidad. El marido muerto hace tanto y yo, recién llegado. Ella tan dolida pero cooperativa. Estos últimos segundos, ha estado tranquila y sin llorar. Un instante casi conseguimos contacto visual. No podría ser más feliz. Pero el recuerdo de su ex se pudre en la cocina. Puede que sean los celos, pero en los 2 últimos segundos me han dado ganas de matarla. Ya no es tan energética como antes. Se la pasa pensando en el muerto. Prendo el gas sin chispa. Le doy un beso en la frente y rompo una botella de pisco sobre la alfombra. Lanzo un fosforo prendido y salgo por las escaleras.

En pleno paseo por el vecindario veo una casa en llamas. Con velocidad entro en búsqueda de supervivientes. Logro rescatar a una mujer y las cenizas de su esposo. Ella conoce personalmente la perturbación. Una sonrisa me invade mientras me alejo dando saltos y silbando tan feliz.

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